
por Mario Garcés
Un gran biógrafo para un gran personaje histórico, León Trotsky. Pero la verdad completa es que Deutscher no solo escribió sobre la vida de Trotsky, sino que sobre la historia de la revolución rusa. Deutscher es también entonces uno de los principales biógrafos de la revolución bolchevique. Hacía justicia de este modo a la idea de que la vida de un hombre o una mujer, por importante o sencilla que haya sido, es también la historia de las fuerzas sociales en pugna de la sociedad, en que esa vida transcurrió.
La biografía de Trotsky es la historia de la vida de un revolucionario de la primera mitad del siglo XX, protagonista principal, junto a Lenin, de una de las más trascendentes revoluciones sociales y políticas, que cambió el curso de la historia y dio la tonalidad al siglo XX. La revolución socialista en Rusia era la revolución teóricamente no prescrita, pero históricamente previsible. No se daban allí las condiciones de desarrollo maduro del capitalismo para transitar al socialismo, pero como el «eslabón más débil” del capitalismo mundial -europeo, en realidad-, allí se adelantó la hora de la revolución social. Sin embargo, volviendo otra vez sobre las prescripciones teóricas, la revolución rusa, habida cuenta del atraso oriental, para ser tal, es decir socialista, debía extenderse a occidente. Como se sabe, ocurrió lo primero y no lo segundo: la revolución triunfó en Rusia, en medio de la Primera Guerra Mundial, y fue derrotada tanto en Italia como en Alemania. Doble traspié teórico: la revolución empezó por donde no debía y cuando necesitó afianzarse, no contó con el necesario apoyo de occidente. Entonces, se impuso Stalin, y como había ocurrido otras tantas veces en la historia, la revolución devoró a sus hijos. Trotsky, uno de los principales protagonistas, fue también una de sus más connotadas víctimas. Desde la cúpula del poder, pasó al destierro y luego al exilio.
Sobre este trasfondo histórico y teórico, Deutscher, desde una posición comprometida con la revolución, pero independiente, recrea la vida de León Trotsky en este primer volumen de su obra, El profeta armado. El relato se inicia con su infancia en la Rusia zarista de fines del siglo XIX y culmina con Trotsky en el centro del poder y de las contradicciones de la Rusia revolucionaria, en 1921. Deutscher tituló sugestivamente el último capítulo de este primer volumen, «Derrota en la victoria».
El relato de Deutscher no puede ser lineal, porque la historia no lo es, ni tampoco ceñirse al modelo alejandrino (que reconoce el apogeo, el cenit y la decadencia de un gran personaje histórico). Aunque no esté de moda, la mejor expresión para seguir la obra de Deutscher, sería decir que es dialéctica, es decir, reconoce y navega por el movimiento, el cambio y la paradoja. Su personaje, León Trotsky, encarna perfectamente esta línea de análisis, ya que como comprobará el lector, estamos frente a una figura trágica, en el sentido griego. Trotsky intuye más que nadie el sentido de la historia, pero las fuerzas de esa misma historia que él es capaz de prefigurar, así como lo elevan a las más altas cumbres de la revolución, lo enfrentan a las más duras paradojas del destino, el aislamiento y también, más de una vez, a la negación de sus propias verdades.
León Trotsky no solo es polémico por las razones antes expuestas, es también un personaje romántico, que consagró desde adolescente su vida a la revolución; un gran organizador así como un analista lúcido y un orador brillante, que encarnó las grandes aspiraciones de cambio social del siglo XX, pero al mismo tiempo sus grandes tropiezos y dificultades, los propios de un país pobre y periférico al capitalismo mundial, como la mayoría de los países en que la revolución triunfó o dejó huellas en el siglo XX. Pero, también, muchos de los problemas frente a los cuales el socialismo no encontró las mejores respuestas, como el de la relación entre el partido y la clase y más ampliamente, cuando la revolución triunfó, las contradicciones inevitables entre «la razón de Estado» y la «razón del movimiento social». En los tiempos que corren, en que la «revolución» es a lo más reconocida como «historia», al decir del sentido común, como un pasado lejano e inimaginable; en que el socialismo, en su versión primigenia, colapsó en su país de origen; en que luchamos en contra del «fin de la historia», revisitar o leer por primera vez la obra de Deutscher es un estimulante ejercicio intelectual, político y moral, en el sentido de ir ahora sí a la Historia (con mayúscula), para tomar contacto con el marxismo y la revolución en toda su potencialidad y creatividad, dejando de lado las simplificaciones y reduccionismos propios de la adaptación, las modas y la renuncia al pensamiento crítico y a las luchas por la transformación del injusto mundo en que nos toca vivir.
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