
xr:d:DAFywYG7XtA:67,j:9167494060860542263,t:24012914
Hace pocos días advertimos que las serias dificultades del gobierno sólo eran parte y continuidad de la crisis de fondo que enfrenta el país desde hace décadas. Se anotaba también que, ante el sistemático fracaso en los intentos de salida, podía ser previsible la reanudación de las luchas abiertas y de calle. Y esto es lo que precisamente empieza a suceder con el hundimiento de la tibia reforma laboral.
A lo que se suman las serias dificultades fiscales del gobierno nacional, agudizadas por las luchas de las empresas capitalistas por obtener más recursos, especialmente en los sectores de generación de energía y prestación de servicios de salud, situaciones que están aumentando el inconformismo y empujando el rebrote de la movilización popular.
Al chocar la respuesta reaccionaría de la burguesía y sus partidos con la incapacidad del gobierno, se genera una nueva grieta por entre la cual se abre la potencialidad de una nueva ola de luchas de calle, tal como se manifestó el día 18 de marzo, mediante movilizaciones masivas en todo el país, en las que el proletariado y demás sectores populares mostraron su pleno rechazo al cierre aplicado por la burguesía, arengando consignas como: ¡Que la crisis la paguen los ricos! Esto significó todo un pulso entre un puñado de burócratas corruptos anclados en el Congreso contra cerca de veinte seis millones de trabajadoras y trabajadores.
Sin embargo, la movilización proletario-popular continúa dependiendo de la función de dirección que apropió hace tres años el progresismo. Por eso, el desespero y la fuerza que conlleva el rechazo a la reforma laboral se pretende nuevamente domesticar en lo puramente institucional y reformista, en este caso bajo una Consulta Popular. Mediante ese escenario, el progresismo procura recargar sus baterías de cara al proceso electoral de 2026, implicando que las promesas de cambios vuelven a quedar aplazadas y supeditadas a nuevas victorias electorales.
Así las cosas, se consolida una senda ya característica en el fracaso político de otros progresismos de América Latina. Se impone una cadena: movilización → elecciones → gobierno → cambios, en medio de la cual se llegó a ciertos espacios de gobierno, de modo que los cambios, sobre todos los fundamentales, siempre terminan postergándose. Luego, para que a las clases trabajadoras no se les vuelva a someter al esquema “del burro y la zanahoria”, es necesario que ejerzan una fuerza que, a partir de las condiciones creadas, también crezca y se mueva en otra dirección, de tal modo que se establezca la siguiente lógica: movilización → transformaciones → movilización.
Por eso hay que partir de considerar que el progresismo, ante sus propias dificultades y de cara al problema meramente electoral, va dando timonazos en procura de sostener su legitimidad. Y en tanto funge como fuerza de dirección, impone fuertes y frecuentes reacomodamientos al movimiento social, los que muchas veces chocan contra las agendas propias para consolidar y acumular fuerzas. Eso implica un desgaste que no siempre se ve compensado cuando las masas se deciden a tomar las plazas y calles, tal como acabó de suceder este 18 de marzo.
Luego hay que propender por ganar autonomía y no actuar como rabo de cometa, de modo que, si vamos a las calles por la defensa de la reforma, la presión debe hacerse creciente hasta obtener la victoria. Por eso, hay que tener en cuenta que la Consulta tiene su primer round en el Senado, donde deben obtenerse al menos 55 votos para lograr la mayoría absoluta. De modo que si ese mecanismo democrático es cercenado se hace necesario mantener y escalar la iniciativa para ejercer una presión sistemática, posición que seguramente el gobierno no va a defender, dada la autolimitación en la que se suele mover.
En todo caso, es importante reconocer que en el escenario de la Consulta hay algo más que un enfrentamiento entre los partidos de la ultra derecha y derecha contra el partido del gobierno progresista. Esa relación sólo se corresponde a la forma como se presenta la verdadera lucha entre la burguesía contra el proletariado y los sectores populares; los primeros por imponer mayores condiciones de explotación y los segundos por siquiera modularla y mejorar las condiciones de vida. Por eso, dada la situación, una derrota en la Consulta puede resultar gravosa en las perspectivas de vida y lucha de mediano plazo.
En consecuencia, es preciso moverse aprovechando las fuerzas creadas por la situación, como quien ve la ola y sabe cabalgar sobre ella.
Al respecto, nuevamente desde el gobierno se llama, en abstracto, a crear los Comités de Impulso de la Consulta, como lo hizo hace unos meses al hablar de la conformación de las Coordinadoras por el Cambio.
Es por tanto necesario y adecuado participar decididamente en la creación de los diferentes espacios de impulso a la Consulta. Pero en medio de ellos es oportuno explicar cuál es la naturaleza de la crisis por la que atraviesa el país, el papel de la ley laboral respecto de la explotación del trabajo, cuáles aspectos importantes fueron mutilados de la propuesta inicial, qué reivindicaciones aún se están defendiendo en favor de los diferentes sectores del proletariado y del campesinado, y cuales tópicos deben considerarse y desarrollarse en términos laborales y productivos para responder a la angustiante situación del proletariado. Y en ese contexto hay que exponer el papel de las reformas y las propuestas emergentes orientadas en la necesidad de lograr una salida proletario popular a la profunda crisis del país.
Es importante considerar que el tiempo de debate y movilización entre la Consulta y las posteriores elecciones de 2026 será breve. Por eso mismo el papel de la agitación y propaganda resulta fundamental para sostener la animosidad y la voluntad de lucha entre las clases trabajadoras. Y allí, el desarrollo de los comités y grupos especializados en la agitación de calle es vital, pues ellos se constituyen en la punta de lanza, que en forma amplia y públicamente, denuncian las intenciones regresivas del capital y sus partidos, a la vez que motiva y convoca avanzar hacia la organización permanente como clase proletaria.
Es decir, como movimiento social es necesario actuar en medio de la ventana abierta, aprovechando las fuerzas creadas por la misma crisis social. Y en medio del impulso a la Consulta, saber proceder para que el desespero e inconformismo de las masas proletario-populares rinda frutos organizativos que puedan sostenerse a futuro. Es allí donde cobra sentido la iniciativa de avanzar desde la Consulta Popular hacia la Asamblea Popular, en tanto esta forma de organización colectiva puede ser más profunda, duradera y capaz que el simple llamado a votar en favor de la Consulta.
De actuar así, se estarían construyendo otras fuerzas y tendencias que en su momento podrán cuestionar el esquema utilitarista, limitado y fracasado de: movilización → elecciones → gobierno → cambios, por cuanto se consolida la organización permanente de los sectores proletario-populares a través de la creación o el impulso de las Asambleas Populares.
Notas
Centro de Pensamiento Praxis