
por Rolando Astarita
Adam Smith, David Ricardo y John Maynard Keynes sostuvieron, por diferentes razones, que la rentabilidad del capital tendía caer en el largo plazo. Marx compartió esa idea con su ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. En una entrada anterior la hemos discutido en base al teorema de Okishio (véase aquí). Allí sostuvimos que hay problemas en la formulación de la ley por Marx -es lo que demuestra el teorema- y concluimos que el cambio tecnológico puede dar lugar al aumento del capital constante por unidad de trabajo vivo (con la consiguiente presión bajista sobre la tasa de ganancia), pero cuando se tienen en cuenta los efectos de la productividad sobre el capital constante y sobre la plusvalía relativa, la tasa de ganancia no necesariamente desciende en el largo plazo.
En cuanto a la evidencia empírica, en notas dedicadas a las crisis cíclicas sostuvimos que en la década o década y media que precedieron a las crisis de 1929 – 1930, o de 2007 – 2009, no hay evidencia de una caída progresiva de la tasa de ganancia. También señalamos que Marx y Engels no explicaron las crisis decenales del siglo XIX (la primera ocurrió en 1825) por la LTDTG; y agregamos que tampoco hay evidencia de que la tasa de ganancia haya caído progresivamente en los 9 o 10 años que antecedieron al estallido de las crisis de 1837, 1847, 1857, 1866 y 1873. En esta entrada nos enfocamos, con carácter más general, en la evolución, en EEUU, de la rentabilidad del capital en los últimos 100 años.
¿Cómo medir la evolución de la tasa de ganancia?
Marx definió la tasa de ganancia empresaria como la relación entre la masa de ganancia, descontados los impuestos, y el capital constante y variable invertido. De manera que para probar empíricamente la LTDTG habría que determinar la evolución a largo plazo de la ganancia, del capital variable y del capital constante.
Indudablemente, la mayor y más completa cantidad de datos sobre la evolución en el largo plazo de la rentabilidad del capital son los reunidos por el Bureau of Economic Analysis de EEUU. Pero aun en ese caso existen problemas irremontables para determinar la tasa de ganancia tal como la define Marx. Uno de los principales es que las estadísticas del BEA no registran la rotación promedio del capital circulante (o sea materias primas y materias auxiliares, y salarios). Pero capitales de diferentes ramas, invertidos en fuerza de trabajo, o materias primas, pueden tener tiempos de rotación muy distintos, y ello incidirá, y mucho, en sus tasas de ganancia.
No tenemos forma de superar este obstáculo. Por eso, los cálculos que hacemos habitualmente (por ejemplo, para elaborar gráficos del recorrido de la tasa de ganancia que he presentado en notas anteriores) se basan en la relación entre la masa de ganancia (post impuestos e intereses) y el valor del capital constante fijo (instalaciones, máquinas y equipos, etcétera). Con esto dejamos de lado el capital circulante. Podemos considerar ese cálculo como una aproximación a la tasa de ganancia a lo Marx; pero no es la tasa de ganancia considerada en el tercer tomo de El capital.
Por otro lado, está el problema de cómo se determina el valor del capital fijo. ¿Hay que tomar en cuenta el costo histórico? ¿El costo de reposición? ¿El costo histórico descontada la amortización? ¿Y cómo incorporar la obsolescencia? No son cuestiones sencillas de resolver, en especial cuando se trata de establecer una tasa de ganancia promedio, y su evolución. Por ejemplo, supongamos un capitalista que ha invertido $10 millones en máquinas, y calculado una carga anual por amortización de ese equipo (amortización calculada en, digamos, 10 años). Supongamos entonces que ocurre un avance tecnológico y se produce una máquina más barata y más productiva. Lógicamente, la máquina de nuestro capitalista se desvaloriza; sufre una pérdida, cae su rentabilidad. Sin embargo, ese cambio tecnológico puede mejorar la perspectiva de rentabilidad de otros capitalistas que disponen de capital dinero y desean entrar en la rama.
Precisión importante: la tasa de ganancia es una variable exógena
Antes de continuar enfaticemos una cuestión: la tasa de ganancia es registrable por los capitalistas. Es una de las formas en que aparece la plusvalía, (otras formas son el interés y la renta) y por lo tanto es visible. Si no fuera así no podría gobernar la acumulación del capital.
Con esto critico la idea de algunos marxistas que, movidos por el afán de “hacer caer” la tasa de ganancia (de manera de verificar la LTDTG) retuercen los datos hasta que estos dan lo establecido de antemano, a saber, que la tasa de ganancia cae. Subrayamos: la tasa de ganancia es una variable clave para la decisión de invertir. Pero el hecho de que la tasa de ganancia sea visible hace que la observación empírica pueda validar o desacreditar la LTDTG.
Cálculos habituales de la rentabilidad de las empresas
Por lo planteado en el apartado anterior, es de vital importancia partir de cómo los capitalistas miden la rentabilidad. Una de las formas es, por supuesto, la relación entre la ganancia empresaria y el capital invertido, tanto en capital fijo como circulante (un cálculo común en los departamentos contables de las empresas). Otras formas, muy habituales, son el margen bruto y el margen neto sobre ventas. El primero se define como ingreso – costos / ingreso, donde los costos son tanto los directos (mano de obra en primer lugar) como los fijos. El margen neto, por su parte, es el ingreso menos los costos e impuestos, sobre las ventas. Esto es, el margen neto dice cuánto ingreso neto es generado por cada dólar de ingresos. Es un dato muy tenido en cuenta al momento de evaluar la rentabilidad. Es que por esta vía los inversores y el management pueden establecer si la empresa está generando suficientes ganancias con sus ventas y si sus costos de operación y costos fijos están siendo contenidos, etcétera.
Valorización bursátil
Otra medida que es tomada en cuenta por inversores es la relación precio bursátil de la empresa / ganancias. Esta relación nos dice la cantidad de años que serían necesarios para adquirir la empresa, a su valor bursátil, con la ganancia anual realizada. Otra forma de medir la rentabilidad es considerando los dividendos por acción. Por cualquiera de estas relaciones se manifiesta el grado en que se está valorizando el capital invertido. Y se establece un vínculo entre las variaciones del valor bursátil de las empresas, sus ganancias y tasas de ganancia.
Lo central es que los precios de las acciones siguen la evolución de las ganancias de la empresa. En el corto plazo puede haber cambios de precio sin fundamento en las ganancias. Por ejemplo, cuando los inversores compran la acción de una empresa que no presenta ganancias, especulando con que sea rentable en un futuro, como ocurrió en EEUU con las acciones de muchas empresas tecnológicas a comienzos de los 2000. Pero esas burbujas no se sostienen en el mediano o largo plazo. La ganancia debe estar fundada en la explotación del trabajo productivo, en la generación y realización de plusvalía.
Por eso, en el largo plazo, las valuaciones de una acción dependen de las ganancias de la empresa. Y el aumento de las ganancias se refleja en el aumento de los dividendos y del precio de la acción (y viceversa).
Rentabilidad en el largo plazo de los accionistas de las corporaciones S&P 500
El tema que nos ocupa es si se verifica empíricamente la caída tendencial de la tasa de ganancia, postulada por Marx y otros referentes del pensamiento económico. Para ello, el cuadro que presentamos a continuación es revelador. Se trata de la evolución de la rentabilidad anual obtenida por los accionistas de las 500 empresas S&P de EEUU entre 1926 y 2024 (esto es, casi un siglo). En la determinación de la rentabilidad se toma en cuenta la variación de los precios de las acciones y los dividendos distribuidos.

S&P 500 Historical Annual Returns | MacroTrends
Pues bien, si la tasa de ganancia hubiera caído tendencialmente debería reflejarse en la caída secular de la rentabilidad obtenida por los inversores. Pero no hay tal cosa. La rentabilidad cayó durante las recesiones o depresiones (1929-1933; 1937; 1974-1975; 2000-2002; 2008), pero no se advierte ninguna tendencia definida hacia la baja desde 1928 a 2024, como la LTDTG dice que debería ocurrir.
Enfatizamos: el S&P 500 se basa en la capitalización bursátil de las 500 empresas más grandes que están listadas de manera pública en EEUU. Si su rentabilidad hubiera bajado tendencialmente en los últimos 100 años, ello debería reflejarse en el cuadro. Habría ocurrido lo que esperaba Keynes que ocurriera debido a la caída de largo plazo de lo que él llamaba la eficiencia marginal del capital (equivale a la tasa de ganancia de Marx); la eutanasia del rentista, esto es, del inversor bursátil. Pero no fue esto lo que ocurrió.
Algunas consecuencias
El hecho de que no se verifique que la tasa de ganancia cae tendencialmente pone en cuestión la idea de que el capitalismo, llegado a un punto de su desarrollo, colapsará por causas económicas. Aunque sobre esta cuestión la posición de Marx parece ambigua. Es que, por un lado, si la tasa de ganancia llegase a un nivel cercano a cero, se extinguiría el motor de la acumulación capitalista y el sistema se estancaría definitivamente. La idea de muchos marxistas de que el capitalismo ya está en su etapa «senil» se relaciona con esa visión: la tasa de ganancia cae progresivamente, el capitalismo pierde fuerza, y se apaga. Sin embargo, en varios pasajes Marx también afirma que el capitalismo no desaparecerá por causas puramente económicas. De hecho, en el capítulo 24 del tomo 1 de El capital, (el único publicado mientras vivía) sostiene que el capitalismo caerá por la acción de la clase obrera.
En cuanto a las crisis cíclicas, el hecho de que la LTDTG no se verifique no afecta a la explicación de las mismas por Marx (y Engels). Como hemos mostrado en otras notas, y a partir de la dinámica de la acumulación capitalista -competencia de los capitales por los mercados- las crisis se explican por la sobreproducción, el abarrotamiento de los mercados, la caída de los precios y las ganancias, y el consiguiente deslizamiento a la depresión (o recesión).
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Imagen, Pixabay