
A mediados de marzo compartimos nuestras reflexiones sobre los cambios políticos en el país, en los que en particular dábamos cuenta del giro del gobierno hacia la derecha. En ese análisis cerrábamos las reflexiones con la pregunta sobre cómo encarar el cambio de situación, el qué hacer, dando la palabra a los procesos sociales organizados. En este corto trayecto de tiempo se ha sucedido el rebrote de las huelgas y luchas del proletariado griego, que desde nuestra perspectiva resulta muy aleccionador para sopesar la situación política que estamos enfrentando.
La crisis de acumulación de capital mundial impactó en forma muy profunda sobre la sociedad griega entre 2008 y 2009, y desde ese momento las marchas y huelgas generales se tornaron parte de su paisaje político, ante la intención del gobierno de cargar el ajuste contra las condiciones de vida de los trabajadores. En ese contexto, la fuerza de las organizaciones y partidos de los trabajadores se tornó creciente y el llamado a huelgas generales y su impacto fue cada vez más profundo. Sin embargo, ciertos faltantes en unidad y dirección facilitaron que el acumulado fuese hábilmente instrumentalizado por el partido Syriza, el que pretendió solucionar las condiciones causantes de la crisis dentro de la interioridad del Estado y bajo los resortes del capitalismo. Tras el inicio del gobierno reformista en 2015, el estruendoso fracaso de la salida electoral y reformista no tardó en producirse, en la medida que el nuevo gobierno -bajo la coacción no disimulada de los centros de poder político y financieros del capital europeo- se limitó a ajustes cosméticos por medio de los cuales se le daban garantías al gran capital europeo de que la abultada e injusta deuda le sería cancelada, política que implicó sostener la agenda en contra las condiciones de vida de los trabajadores.
Fue así que cundió la decepción entre los trabajadores y con ella brotó un periodo de incertidumbre y desconcierto, en medio del cual el partido reformista funcionó como medio para contener y desactivar la lucha proletaria que exigía cambios de fondo. En consecuencia, los remedios reformistas no permitieron superar las causas de la crisis social y por ello las contradicciones sociales sólo se mantuvieron en forma latente. De este modo, la derecha regresó al gobierno en 2023, con el partido Nueva Democracia, y se lanzó a profundizar las medidas en contra de los trabajadores.
Pero el accidente ferroviario ocurrido en febrero de 2023, originado por la desidia y el descuido en el mantenimiento, vino a funcionar como detonante del ánimo de las masas, las que desde entonces han ido recuperando su resuello y voluntad de lucha hasta que en la primera semana de marzo han vuelto a sacar a más de medio millón de personas a las calles, en lo que parece ser no sólo un rebrote de la lucha social, sino una recuperación de lucha por transformaciones sociales de fondo.
Guiados por estas condiciones, aquí, en primer lugar, se reflexiona sobre el fracaso del actual gobierno reformista y en cómo las condiciones y problemas siguen tan vivos como hace tres años, de donde también se identifica una fuerza potencial hacia nuevos estallidos sociales. Enseguida se considera el problema de dirección entre el movimiento social y la izquierda, en tanto esa función fue ocupada hábilmente por el “progresismo”, que ahora la abandona en su giro a la derecha, de modo que es un problema por resolver y frente al cual se sugiere que la construcción de un programa de transformaciones sociales y económicas puede ayudar a ir solventándolo. Por último, se recogen una serie de propuestas e iniciativas formuladas por algunos procesos sociales en referencia a cómo prepararse para enfrentar la eventualidad de un nuevo estallido social. En la medida que se trata de propuestas e iniciativas de cara a un futuro probable, las discusiones y aportes quedan siempre abiertas, siendo nuestro propósito fundamental alentarlas a fin de que se gane un mayor horizonte proletario tal que permita fortalecer los acumulados y se potencien las transformaciones de cara a la superación del capitalismo.
1. El fracaso de los intentos de salida de la crisis por la vía de la derecha y el reformismo
Con poco fijarnos vemos que el recorrido del pueblo griego es muy similar al que se está viviendo en Colombia, sólo que aquí aún no se termina de transitar por todo el “ciclo”. Por lo pronto, tras las largas y profundas protestas de 2019 y 2021 el reformismo, en cabeza del “progresismo”, pudo maniobrar y direccionar las contradicciones y el descontento hacia los cauces de la institucionalidad funcional al capitalismo, esto ante la falta de un programa unificado y una dirección de carácter realmente proletaria, campesina y popular. Como era de preverse, una vez calmada la protesta el gran capital decidió no ceder ni un centavo para mejorar las condiciones del pueblo por la vía de la reforma. Fue así que por acción de los que representan al capital pasó a modular, controlar y someter al gobierno reformista de Petro, el que debido a sus debilidades internas y sus propias ambigüedades ha terminado por aplicar un tremendo timonazo hacia la derecha, tal como lo hizo Syriza en Grecia, ello en procura de aguantar lo que le queda de mandato y crear escenarios que le puedan sostener favorabilidad de cara a las votaciones de 2026.
Entre tanto, la protesta social se mantiene -no pocas veces instrumentalizada por la ultraderecha-, pero a la vez se dispersa en medio de una especie de oportunismo localista, gremial y burocrático que da lugar a una especie de “rapiña” por acceder a meras promesas sobre ejecuciones de presupuesto público que nunca se realizan. En medio de esta situación se ha perdido el horizonte general que se ganó en medio de las protestas y por medio del cual empezaba a despuntar la necesidad de lograr una salida proletario y popular a la profunda crisis social del país. Por eso también es posible identificar cierta tendencia al desencanto y el crecimiento de la incertidumbre entre algunas dirigencias sociales, en especial entre las masas que sienten que su lucha ha sido manipulada y sus demandas siguen sin ser resueltas. Peor aún, la derecha y la ultraderecha ganan terreno y se proyectan a retomar el gobierno en 2026, siendo previsible el regreso de políticas en contra de toda la población, tendencia que podría implicar nuevos procesos de persecución y represión contra los procesos sociales y sus dirigencias.
Pero las cosas no deben deslizarse necesariamente por esa vía, en especial si recobramos conciencia de las condiciones de fondo que dieron lugar a las protestas. Para resumir, la profunda crisis social del país se arrastra desde hace varias décadas, y cuando menos, implica: i) profundas dificultades para acumular capital, actualizar las fuerzas productivas y generar puestos de trabajo productivos y bien remunerados; ii) una severa crisis del sistema democrático liberal y representativo en tanto las mayorías proletarias y populares sólo existen para votar por quien les dominará en el siguiente periodo; y, iii) una severa degradación moral en la que ser corrupto, asesino y traqueto está bien visto mientras se tenga billete, iv) y un oscurecimiento de las perspectivas de vida para la juventud proletaria. Condiciones que se complementan con políticas sistemáticas a través de las cuales se pretende sostener la lánguida acumulación de capital, las que implican una mayor degradación de las ya macilentas condiciones de vida de los trabajadores de ciudades y campos, y que son la causa del profundo agobio que azota a las masas en forma cotidiana, el que fue puesto de presente en las extendidas protestas de 2021.
Esa profunda crisis social se ha intentado administrar o superar por diferentes vías, pero siempre bajo los degradantes parámetros del capitalismo, dentro de los estrechos límites de la democracia burguesa y de sus mecanismos de “participación ciudadana” bajo los cuales siempre prevalece el orden del capital, de allí que hayan fracasado. El intento de salida por la vía de la ultraderecha fracasó con el uribismo, que privilegió medidas neoliberales en favor del capital y en contra de los trabajadores del campo y la ciudad, y las acompañó de una estrategia militarista que no sólo desconoció la propia legalidad de la Constitución, sino que llegó al extremo de elevar a los narco-para-terratenientes al nivel de un tipo de señorío que se dedicaba a administrar la finca llamada país. A su vez, la salida por derecha también fracasó con Santos, quien a pesar de recuperar los cauces institucionales que había violentado el uribismo, sólo estableció nuevas condiciones en favor de la gran burguesía urbana, pero mantuvo las medidas en contra de los proletarios, campesinos y demás sectores populares. El regreso de la ultraderecha con Duque únicamente mantuvo las políticas anteriores, aunque se vio obligado a incrementar ciertos subsidios para favorecer y sostener al capital en medio de la crisis mundial generada por la pandemia del Covid, de allí la crisis de gobernabilidad que enfrentó al final.
Y por último, la salida por la vía del reformismo también ha fracasado con el gobierno de Petro, quien formuló una especie de renovación del pacto social, al permitir la inclusión social por medio del impulso de una serie de reformas que deberían posibilitar la paz social. Como ya se expresó, en la medida que las protestas por transformaciones de fondo se fueron desactivando, la burguesía se sintió firme y tranquila y movió las fichas para neutralizar los cambios propuestos en educación, salud, tenencia de tierras, generación de empleo y contrato laboral. Así que preso en los limitados espacios y procesos burocráticos del Estado, el petrismo apenas realizó amagos por generar una presión sería sobre la burguesía y en consecuencia ha terminado por claudicar y girar hacia las viejas mafias clientelares de la derecha, tal como se evidenció con los cambios ministeriales de principios de marzo pasado.
Sobre estas tendencias generales, hay que especificar que, si bien los partidos del capital bloquean las reformas del gobierno, podrían mantener cierto cuidado para no dar motivos evidentes a las movilizaciones populares en masa. En tal sentido, ante las dificultades fiscales podrían jugar una mezcla entre nueva reforma fiscal, reducción del Estado y acentuación de la focalización del gasto social, de modo que los ajustes le sean llevaderos al capital, y a la vez propondrían unas “reformas” a su medida, implementando un populismo de derecha, bajo el cual en todo caso se le curtirá el pellejo al proletariado. Y a la vez, hay que considerar que el actual gobierno aún ejerce peso e influencia sobre los partidos y entre las masas sociales, y esto ayuda a explicar cómo ante el fracaso de las reformas vuelve a llamar a la movilización y a una Consulta Popular, iniciativa que dadas las relaciones de fuerzas puede quedarse más en el terreno de la propaganda, situación que en todo caso desata la saña de la derecha, que en su mezquino mundo al revés, ve en ese llamado a la participación del pueblo un ejercicio de dictadura y violencia.
Pero, en todo caso, con este proceder y con estos resultados la burguesía y sus partidos cierran las posibilidades del cambio social mediante las estrechas vías legales que estableció por medio de su limitada democracia liberal representativa. Pero al proceder de esa manera, contradictoriamente también creó las condiciones y abrió las puertas para que crezcan y se potencien las formas y mecanismos de la democracia directa, popular y constituyente, la que caracteriza los procesos organizativos de los movimientos sociales, en tanto ellas suelen ganar mayor presencia social en medio de los ciclos de protestas, tal como sucedió en 2021. Por tanto, es la misma burguesía y sus partidos quienes con su cierre empujan las condiciones hacia ciertos límites sociales, de modo que no sólo potencian el rebrote de un nuevo estallido social, sino que con sus fracasos alientan la tendencia real a consolidar una salida proletario popular a la profunda crisis del país, en medio de la cual los mecanismos y formas de la democracia popular pueden pasar a ser la forma hegemónica mediante la cual se organice y dirija el proceso de tránsito y transformación social que requieren las mayorías del país.
2. Hacia la construcción de una salida proletario popular
Hay que insistir, entonces, que la actual crisis de gobierno no es más que otra expresión del mismo proceso de crisis general que el país enfrenta desde hace décadas y que sólo se regula y desplaza en el tiempo, sin que las causas encuentren solución de fondo mientras los problemas tienden a agravarse. Por eso mismo los índices de desempleo siguen siendo altísimos y cubren a cerca del cincuenta por ciento de la población trabajadora, si sumamos el desempleo no contado, el reconocido y el encubierto por medio del mero rebusque. Eso explica porque 16,7 millones de personas estaban sometidas a la pobreza monetaria en 2024, es decir que debían sobrevivir con menos $14.500 al día. A ello se ha sumado el agravamiento de la crisis en el sector salud, la del sector educación se ha profundizado, postergando un déficit severo, y el faltante en viviendas afecta a 5.2 millones de familias, de modo que una buena parte del proletariado urbano y rural está sometido a la explotación que significa el pago de altos arriendos. Mientras a la vez, en los campos los grandes propietarios se han beneficiado de la compra de tierras con recursos públicos y nuevamente enfilan sus grupos de paramilitares contra la población de campesinos, proletarios rurales e indígenas.
En esa dirección, lo que es totalmente evidente es que las contradicciones sociales y los problemas que conllevan siguen tan vivas como antes, de allí que sea posible prever que el pueblo pueda volver hacia las calles y protestas, tal como sucedió en 2019 y 2021, escenario potencial que puede ser más probable ante un cambio de gobierno más hacia la derecha, situación que es la que precisamente nos señala la experiencia del proletariado griego. En la situación del caso colombiano no hay que perder de vista que el detonante de las protestas de 2021 fue la regresiva reforma tributaria de Duque, problema que sigue latente ante el creciente déficit fiscal, siendo previsible que el próximo gobierno intente otra reforma tributaria que seguramente se cargará en contra de los trabajadores. Pero, dada la amplitud y profundidad de la crisis social cualquier situación podría funcionar como detonante de las protestas, tendencia con fuertes evidencias ante la cual los diferentes movimientos sociales deben enfrentarse desde ya, a fin de que puedan encararlo en las mejores condiciones posibles, en especial con mayor tino respecto de lo que sucedió en 2021.
Así las cosas, es necesario tener bien presente que la única fórmula pendiente que posibilitaría superar realmente la profunda crisis social del país es la de una salida proletario popular, tendencia alentada por el fracaso de la burguesía en atender las necesidades de las masas del país.
Como en otros documentos se ha expuesto, una salida proletario popular implica direccionar las fuerzas mayoritarias del país hacia un proceso de transformación social en medio del cual se vayan construyendo las respuestas estructurales a los problemas que en estas décadas de lucha se han identificado y formulado, y consistiendo fundamentalmente en que sea el mismo proletariado, el mismo pueblo quien debe encarar, asumir y dirigir los cambios estructurales que durante décadas se han reclamado sin éxito, es decir que esa tarea ya no se puede delegar más, menos aún a fuerzas de derecha o reformistas. Deben ser las mayorías proletarias, campesinas y populares las que den un paso al frente y asuman los retos y la dirección para así garantizar una solución de fondo a los problemas que la decadente burguesía y sus partidos parasitarios han creado.
En medio de tal reto, es necesario volver a realizar balances sobre cómo discurrieron los ciclos del estallido social a fin de asimilar potencias y vacíos que permitan identificar fórmulas superadoras y a la vez establecer ciertas iniciativas generales que puedan servir como orientación general frente a otro ciclo probable de protestas.
2.1. Algunos aprendizajes nodales del estallido social de 2021
Los diversos balances sobre la crisis y el estallido social de 2019 y 2021 siguen siendo necesarios, pero ya se pueden sacar en claro algunos aspectos generales en torno a los faltantes para consolidar una salida proletario popular.
Es destacable la iniciativa y valentía de las masas proletarias urbanas, en especial de las juventudes, que fueron capaces de tomar las principales vías y avenidas del país y sostener la protesta durante un periodo significativamente largo.
Hay que reconocer el papel que cumplieron las centrales obreras, en especial la CUT, a la hora de alentar la convocatoria y la identificación de unos puntos sensibles para los intereses del capital y que generan problemas sobre las mayorías del país, como son pensiones, salud, educación, o reforma laboral; sin embargo, sus directivas limitaron el diseño de la propuesta al típico paro de un día, y que las altas directivas han tendido a limitarse en sus necesidades gremiales y restringir su capacidad política al mero juego institucional ya definido. Hay que recordar que en tanto esos problemas sensibles se retroalimentaban y afectaban al conjunto del proletariado permitieron tener unas reivindicaciones estructurales cohesionadas que golpeaban seriamente las condiciones de acumulación del capital, a diferencia de las reivindicaciones fraccionadas y gremialistas que prevalecen ahora.
A partir del papel de las centrales, se logró ampliar el conjunto de reivindicaciones sociales y también se creó un organismo más amplio para convocar, representar y dirigir las protestas, logro que debió pasar por fuertes pujar contra las cúpulas de la central obrera, que al estar permeadas por el Partido verde y Liberal, buscaron impedir la participación de otros procesos organizativos en esa instancia. Sin embargo, la lista de exigencias se amplió tanto que al final no había precisión sobre cuáles aspectos destacar como nodales, y menos aún cuáles de ellos eran los determinantes para abrir y desencadenar una brecha por medio de la cual se enfilase a una salida proletario-popular. En todo caso, es importante destacar el avance de una especie de cuerpo colegiado que funcionó como cabeza visible de dirección a nivel nacional, a pesar de que a su interior prevaleciera la tendencia a conciliar, incluso después de que el gobierno le estrellara la puerta en las narices y se negara a considerar el pliego de exigencias.
Fue así que, ante la negativa del gobierno y el alargamiento de la protesta se fue gestando una especie de “vacío” en la dirección general de todo el movimiento. Tal función terminó siendo desarrollada por la tendencia más liberal y conciliadora, la que fue capaz de orientar el acumulado social por la vía electoral y reformista. Pero en la medida que Petro y sus colegas han girado claramente hacia las huestes de la derecha, vuelve a abrirse ese faltante de dirección, esa especie de “hueco”, por así decirlo, siendo necesario crear otras formas de liderazgo colectivo a nivel del país.
En forma concisa, la envergadura y profundidad con que actuaron las masas rebasaron totalmente las direcciones de los movimientos sociales y más aún de las organizaciones políticas de izquierda, y en ese contexto, a la fuerza de las masas le faltó vocación de poder, en el sentido de una orientación global que las encaminase por un sendero transformador, en tanto una vez el gobierno cerró las puertas no había un plan alternativo a seguir.
A pesar de ello, las masas proletario-populares lograron avances muy importantes en el desarrollo de las Asambleas Populares, base fundamental para lo que puede ser un nuevo tipo de democracia más profunda y consistente con las posibilidades de que el pueblo ejerza realmente como gobierno y no termine cediéndolo a los oportunistas de siempre. En tal sentido, incluso se realizó un ensayo, relativamente exitoso, de convocatoria y desarrollo de una Asamblea Nacional Popular, entendido como un encuentro de carácter amplio, democrático y tendiente a fijar un programa unitario y una hoja de ruta para hacer realidad las transformaciones necesarias a fin de superar la profunda crisis social. La importancia de esa experiencia radica en que rompió brecha y marcó un camino potencial sobre cómo encontrar salida, experiencia que aún debe corregirse en aspectos como amplitud de convocatoria, formas de representatividad colectiva, mecanismos ágiles para lograr acuerdos, compromisos y decisiones, para lograr que sean acogidos e implementados en cada uno de los espacios de lucha, de modo que se supere la tendencia a la dispersión, tarea pendiente que puede empezar a resolverse desde las asambleas populares por ciudad y región.
2.2. El programa como medio orientador en una salida proletario popular
Ha sido frecuente que en las transformaciones históricas de la sociedad se genere o tienda a privilegiar la construcción de una organización particular que funja como medio orientador de los cambios. Tal perspectiva presenta serias dificultades en la realidad actual del país, en parte por la violencia con la cual la burguesía ha combatido y desarticulado a los movimientos sociales y organizaciones de izquierda, pero también a causa de ciertos hegemonismos particularistas que impiden la unidad de las luchas. Es así que es verificable una faltante de unidad y con él de dirección que debe ser encarada, pero ¿cómo enfrentarlo?
Como lo acabamos de señalar, en la experiencia del país también se verifica el planteamiento de R. Luxemburgo respecto de que, en las coyunturas decisorias las masas suelen superar a todas las organizaciones políticas. De aquí surge la posibilidad de que una forma de enfrentar el faltante de dirección sea que el programa de transformaciones estructurales juegue el papel central en la orientación y direccionamiento de las masas en las coyunturas críticas. La solución adecuada a este problema podría más bien facilitar que en algún momento se fragüe una dirección colectiva capaz de asumir la conducción de los retos que implica una tarea transformadora, perspectiva que para nada implica la negación de los esfuerzos para suplir tal necesidad de dirección.
El programa de transformaciones debe ser concebido, discutido, apropiado y defendido por todas las personas que pertenecen a las capas proletarias, campesinas y populares. En ese sentido, el estallido social ya deja un listado de más de cien puntos en el que se recogen las demandas y necesidades más sentidas de una gran diversidad de organizaciones sociales. Sin embargo, esa larga lista debe ser procesada y concretizada a fin de lograr una visión más concisa, unificada y sobre todo orientadora respecto de qué es lo fundamental y cuáles son los mínimos en cada situación. Desde lo avanzado en 2021 se pueden destacar unos ejes aglutinantes que en realidad cuestionan la estructura social actual, en tanto demandan cambios en áreas como: empleo, derechos laborales y sindicales; tierras y condiciones para la producción y aseguramiento de los alimentos para la población; ciudad, vivienda, urbanismo y movilidad; condiciones para la reproducción de la vida: salud, pensiones, educación, deporte y recreación; cambio climático, transición y soberanía energética; derechos humanos y justicia; ambiente y territorios; mujer, género y diversidades; democratización y participación.
En la medida que el programa de transformaciones es una necesidad aún por resolver en medio del proceso mismo de transformación, en esta sección nos limitamos a compartir, resumidamente, algunos de los elementos programáticos que han desarrollado parte de los movimientos sociales del país, en tanto puede funcionar como un ejemplo de lo que podría contener un programa para una transición en una senda proletario-popular, insistiendo que se trata de una interpretación muy sintética, sobre algunos de sus ejes y enfoques de acción:
- Apropiación del control y regulación en el desarrollo de las fuerzas productivas: considerando el largo retroceso en las capacidades productivas del país que generan desempleo y pobreza, se propone potenciarlas y multiplicarlas con el fin crear las condiciones materiales para dar respuesta efectiva, real y pertinente a los medios necesarios para la vida digna de toda la población del país. Este objetivo sólo es posible en tanto la clase proletaria y popular vaya apropiándose de la dirección y control sobre los medios de producción mediante una planificación sustentada en la gestión popular. Esto es, poder fijar los medios, limitantes y objetivos desde la democracia popular, en cada una de sus etapas y momentos.
- Construcción de grupos empresariales estatales impulsados mediante una Economía de Fondos Públicos y Sociales: para avanzar en la dirección antes enunciada, se propone la creación y desarrollo de grupos empresariales que en su interacción aprovechen sus sinergias en áreas determinantes tales como alimentos, energía, manufacturas, y muy especialmente el de Bienes de Uso Colectivo, que cubre áreas para el cuidado y reproducción de la vida. Tales formas se sostendrían sobre la base de un sistema nacional de investigación y desarrollo y serían articulados y direccionados desde la gestión proletario-popular, es decir a partir de la iniciativa y decisión real de las y los trabajadores directos y sus comunidades. En ese enfoque se destaca que la implementación de los grupos empresariales de tipo público y social permiten integrar, cohesionar y potenciar las capacidades productivas.
- Ejercicio de la soberanía proletario-popular como base de las transformaciones: al reconocer que las actividades de la sociedad se suceden en la espacialidad físico-natural y que en ellas las sociedades producen y reproducen sus condiciones geográficas de vida, se entiende que es necesario que en cada espacio se vaya construyendo formas de poder popular. Esto, significa ganar un control efectivo sobre las condiciones naturales, sociales y tecnológicas por medio de las cuales se reproduce la sociedad colombiana, lo que demanda una planificación social que considere las necesidades, valore las limitaciones y logre un equilibrio en la interacción sociedad-naturaleza, tal que se logre el cuidado de los ecosistemas estratégicos de cada región y del país.
- La anterior línea da lugar, por ejemplo, a la iniciativa de una Reforma Agraria Integral y Popular-RAIP: en esta propuesta no sólo se considera la superación de la altísima concentración de la propiedad de la tierra en el país mediante su democratización, sino que se centra en la producción, transformación distribución y aprovechamiento de alimentos para solventar el problema del hambre en el país, por eso contienen iniciativas sobre cómo fortalecer las condiciones de producción y materias primas mediante empresas estatales de agroinsumos y máquinas herramientas, siempre teniendo como referencia las exigencias de cuidado y recuperación de las condiciones ambientales. Así mismo se considera que el problema agrario del país no se limita a los habitantes rurales –campesinos, proletarios del campo, indígenas, afros- sino que también afecta sensiblemente a las proletarias y proletarios de las ciudades, en tanto de su solución depende una buena parte de la canasta alimentaria. Por eso mismo en ella se considera la necesidad de un sistema de comedores populares y un sistema nacional integrado de transporte y distribución, todo ello en el marco de los criterios del punto b.
e. Desmercantilización de la producción y provisión de Bienes de Uso Colectivo: este tipo de bienes son los que se destinan al cuidado y reproducción de la vida en familia y comunidad, tales como educación, salud, vivienda, urbanismo, pensiones, servicios domiciliarios: agua, energía o acueducto. Como se sabe la mercantilización niega su acceso real a varios millones de personas y es fuente de la peor violencia estructural sobre los más pobres. Por eso se plantea que sean provistos por conglomerados de empresas estatales de carácter social, vía por la cual se puede superar la contradicción entre el momento de la producción directa y el consumo, la que es resuelta mediante la relación salarial, vínculo a través del cual se reproduce la acumulación de capital. Allí se considera que desde ya se puede ir avanzado en la producción y provisión de estos bienes por medio de las empresas comunitarias de servicios públicos, a la vez que se defiende la perspectiva de que la educación sea liberadora y para la transformación de la sociedad. En medio de esos lineamientos se pueden señalar las reflexiones críticas de Praxis en torno los debates actuales sobre las reformas al sistema de salud, de pensiones, educación superior, vivienda y urbanismo, publicados en la Revista Proletaria, en las que critica la estrechez con las cuales las concibió el gobierno, de modo que se elevan una serie de iniciativas para que el enfoque reformista no se limite a reproducir y sostener el poder actual.
f. Democracia y gobierno proletario y popular: junto con el eje de la gestión popular conforman una unidad en la que se concibe que el centro del poder debe ser ejercido por los trabajadores directos y los sectores populares, en tanto es la forma inicial mediante la cual realmente se pueden viabilizar todos y cada uno de los diferentes lineamientos de transformación social propuestos. Sobre la nueva forma de democracia se plantea una serie de criterios tales como que sea permanente, constituyente, popular, capaz de reconocer las diversidades y diferencias, orientada a impedir todas las formas de explotación y dominación, garantice la autodeterminación a la vez que fomenta la cooperación social consciente y descansase en la planificación de la reproducción social. En suma, se orienta a superar las limitaciones inherentes a la restringida democracia liberal, que sólo legitima las relaciones de explotación capitalista e impide que la democracia pueda realmente existir. Luego la proyección se dirige a fortalecer las experiencias de los comités de trabajadores y las comunas de pobladores de barriadas, forma que en el país se ha ido concretando a través de las Asambleas Populares.
A partir de estas líneas generales de enfoque, se considera la centralidad que tienen unos pocos problemas, en tanto ellos afectan sensiblemente a todo el proletariado y los sectores sociales y populares del país, tales como el empleo, la provisión de bienes de uso colectivo, la solución a los problemas de generación y uso de fuentes energéticas, entre ellos combustibles y gas, o el sensible problema ambiental y la necesaria transición energética. Frente a ellos, se identifican propuestas tanto particulares, pero también se plantea que en el marco actual de condiciones sigue siendo necesario la construcción de nuevas leyes de origen popular, las que mediante la movilización continua y la presión de la democracia de las calles logren su reconocimiento y sanción inmediata, evitando caer así en el cretinismo parlamentario que promueven ciertos sectores.
Lo interesante de este conjunto de propuestas es que han brotado desde diversos sectores sociales rurales y urbanos (proletarios, campesino, juvenil-estudiantil, mujeres, étnicos…) y en medio de sus largas trayectorias de lucha. Por eso mismo, sus enfoques y propuestas van siendo revisadas y profundizadas, de acuerdo a los cambios de la realidad y las experiencias ganadas en medio de las luchas. Es así que las iniciativas son consideradas como propuestas de reformas no reformistas, esto es, pensadas para potenciar una salida más estructural a partir de los problemas y condiciones actuales, y no meras reformas para sostener al régimen social que crea, reproduce y se beneficia de los problemas.
Otro aspecto interesante a tener en cuenta es que las propuestas procuran articular las demandas más inmediatas de la población, normalmente consideradas en los pliegos reivindicativos -de los paros, marchas y protestas sectoriales o territoriales-, con la plataforma de lucha para el periodo social, que se enfoca en unos cuantos problemas valorados como nodales para las mayorías de acuerdo al balance de fuerzas sociales, los que a su vez alimentan la perspectiva programática y transformadora de fondo.
2.3. Cómo encarar y qué hacer en perspectiva a una salida popular
Como antes se ha indicado, si bien existe una tendencia a que el ciclo de protestas pierda fuerza o se disperse, también existe otra tendencia que permite visualizar su rebrote. Esto, al considerar que el mismo cierre de la burguesía a los cambios por la vía de la reforma institucional, junto a la persistencia de la crisis social hacen muy factible que se puedan desencadenar un nuevo ciclo de estallido social, cuyo detonante podría ser una nueva reforma tributaria o cualquier otro factor, tal como está sucediendo en Grecia. Bajo los signos de tal realidad política, lo responsable con el país no es sentarse a esperar a ver qué sucederá, sino todo lo contrario, empeñar esfuerzos en que la potencial salida proletario popular gane terreno y se convierta en realidad, porque sólo de esa manera el país dejaría de dar tumbos y se encaminaría hacia una transición mediante la cual se reducen seriamente el sacrificio y el dolor al que están sometidos a padecer las mayorías, en especial la franja más pobre, es decir el proletariado sobrante para el capital.
Sobre esta realidad, identificamos una serie de iniciativas desde algunos de los movimientos, que aquí tomamos como referencia, para adentrarnos en el difícil terreno de identificar propuestas sobre cómo ir encarando la situación, siempre en la perspectiva de construir una salida proletario-popular a la crisis del país:
a. Ser críticos y desvelar el papel de contención que viene jugando el “progresismo”: es necesario explicar la decidida obstaculización de una salida por medio de la reforma por parte de la burguesía, el giro decidido hacia la derecha del petrismo, así como la cooptación, freno y el utilitarismo de la protesta social, especificando el nocivo papel mediante el cual se imposibilita una solución real que beneficie al pueblo colombiano frente a la crisis del país y mediante la cual sólo se le hace un favor a los dueños del poder, en tanto los sostiene y perpetua.
b. El pueblo puede decidirse nuevamente: ante el referido cierre son la misma burguesía y el gobierno quienes empujan al pueblo en dirección a una salida proletario popular, reto que debemos encarar ante otro potencial estallido social.
c. Contra el oportunismo fortalecer los procesos de base proletaria y popular: existe la necesidad de seguir ampliando y profundizando el trabajo cotidiano mediante el cual se fortalecen y amplían las organizaciones sociales. Si bien parece un llamado ya clásico, por el contrario, cobra relevancia en tanto parte de los liderazgos sociales han sido cooptados y encorsetados en los cauces y vericuetos de las instituciones, siendo incluso usados y direccionados a la mera captura de votos de cara a 2026. Frente al oportunismo, la cooptación y reducción en los estrechos límites del Estado burgués, y peor aún ante la apropiación utilitarista de los mecanismos de protesta popular por parte de la ultraderecha, urge afincar la histórica tarea de crear procesos que generen conciencia de clase y fundamenten la necesidad del cambio social estructural para el país.
d. Estar atentos a la situación y animosidad del pueblo: el cambio de actitud de las masas puede sucederse en cualquier momento, de ahí que sea totalmente necesario que los procesos y liderazgos colectivos se mantengan en un ejercicio constante de análisis de coyuntura, porque de esa manera podrían detectarse a tiempo los cambios y en consecuencia tomar la iniciativa justo cuando el pueblo así lo decida. Actividad que además siempre sirve como medio para una formación política constante.
e. Retomar y fortalecer las asambleas populares-AP: a la par de fortalecer los procesos de base se consideró necesario retomar y fortalecer las dinámicas de las Asambleas Populares, a nivel de ciudades y regiones, en tanto desde ellas se forja la unidad programática y de acción entre las mayorías proletarias, los campesinos y demás sectores sociales y populares.
f. Defender y ampliar la democracia popular ante el engaño de la democracia liberal: los mecanismos de la democracia liberal o burguesa están diseñados para que el pueblo, mediante el voto, se limite a entregar su soberanía a unos representantes que siempre juegan en favor de los que tienen el poder, pero más importante es tener siempre presente que su contenido real es el de legitimar y legalizar la explotación y dominación sobre los trabajadores y demás sectores populares.
Por el contrario, el mecanismo de la Asamblea Popular es la base fundamental que faculta al proletariado y demás sectores populares para que vaya aprendiendo a asumir las decisiones fundamentales sobre el cómo se reproducirá la sociedad como un todo, es decir el definir el qué, cómo, con cuánto esfuerzo y para qué de su acción cotidiana y de su trabajo.
Por lo anterior las AP son a la vez puntos de llegada, en tanto permiten unificar y potenciar los procesos de base, pero también son un momento de partida, en cuanto posibilitan que esos procesos se orienten y engranen en las dinámicas de transformación social general, permitiendo una vinculación adecuada entre lo particular-local con lo general-nacional. Por eso mismo las AP son también un proceso que puede tener sus altos y bajos, pero del que no se puede desistir en tanto es la base sobre la cual se soportarán las luchas y los cambios sociales que ya se despuntan.
g. Concreción y divulgación de un programa nacional de transformaciones: es necesario un programa de transformaciones que logre unificar y movilizar a la mayoría proletaria, campesina y popular. Como antes se destacó, hay que superar la dificultad de dirección política y esto se empieza a lograr mediante el discernimiento y concreción colectiva de qué es lo más pertinente y urgente para salir de la crisis, sin que ello implique la pérdida o desconocimiento de todos y cada una de las demandas por sectores y subsectores sociales. En esa tarea, se destaca que las Asambleas Populares, como células y base de una democracia alternativa ya existente y de un poder social transformador en proceso de consolidación, son un lugar privilegiado donde se puede ir resolviendo ese faltante. De modo que no sólo funciona como escenario mediante el cual se construye una legitimidad social más amplia, sino que también es un eficaz medio de divulgación de los cambios en curso.
h. Desarrollar y fortalecer las formas organizativas de autoprotección popular: ante el avance de la ultraderecha y sus paramilitares es necesario fortalecer los ejercicios de auto-protección de las organizaciones y procesos sociales, a través de la ampliación de las guardias: indígenas, campesinas e inter étnicas, guardias juveniles y primeras líneas, y de proletarias y proletarias tanto en barrios como en centros de trabajo.
i. Fortalecer los medios de agitación y propaganda: que alerten sobre lo que está sucediendo en el país, y en especial anuncien el potencial de un nuevo estallido social y la necesidad de una salida proletario-popular. Ante el posible desencanto, decepción, confusión y dispersión que genera el actual gobierno entre las masas, es necesario iniciar una campaña creativa que logre irrumpir en medio de la aletargadora rutina, para llegar al rango más amplio posible de la población e informar de que ante el cierre burgués de la vía reformista y la persistencia de los problemas es necesario profundizar las luchas populares en todo espacio y a todo nivel.
j. Acompañamiento a los ejercicios de movilización de la clase proletaria y popular: es importante acompañar las diversas iniciativas de lucha que a diario se están sucediendo en el país, para ayudar a superar el inmediatismo, ganar articulación y porque sólo en medio de ellas es posible ganar un sentido más amplio y profundo de sus demandas, medio por el cual se facilita el objetivo de vincularlas a la tendencia y programa de transformaciones de fondo.
k. Formar cuadros y grupos especializados en la agitación y movilización: en consonancia con lo anterior, se planteó necesario fomentar formas organizativas especializadas en la propaganda y agitación de masas. En la medida que el cierre de la burguesía y el giro hacia la derecha del gobierno crean la potencialidad de un nuevo ciclo de protestas es importante que los actuales liderazgos colectivos mantengan la iniciativa y con ello ayuden a sostener en alto la moral de la lucha popular, logrando que el rango más amplio de población esté alerta a los eventos que puedan suceder, a la vez que se proyecten a jugar un papel más protagónico en los futuros eventos. Es así que la propaganda en medios propios y redes debe complementarse con mítines frecuentes en los lugares donde la población cotidianamente se encuentra o moviliza en masa, tal que se logre un efecto que pueda romper la rutina que aletarga las mentes y domestica la rebeldía.
l. Evitar que los procesos sociales sean arrastrados y utilizados por el electorerismo: una de las cosas que se pueden aprender de los procesos progresistas de América Latina es que no sólo se contuvo y desactivaron las protestas sociales sin que se produjeran los cambios requeridos, sino que mientras más se enfocaban en ganar votos para llegar a las instituciones del gobierno más perdían el horizonte transformador y menos les quedaba tiempo para atender y fortalecer los procesos de base social, dinámica en medio de la cual las dirigencias y procesos terminaron hundidos y cada vez más limitados a ser un instrumento mediante el cual se apalancaban los oportunistas. Por el contrario, debemos mirar hacia el proletariado griego que ahora se da cuenta de cómo fue utilizado y por eso regresa con más bríos a las calles y la huelga general.
m. Priorizar el fortalecimiento organizativo de las y los proletarios de la ciudad, en particular de sus sectores más jóvenes: el ciclo de protestas de 2019 y 2021 señalaron un giro en el protagonismo de los sectores rurales hacia los urbanos, el que se relaciona con una mayor profundidad y radicalidad que las luchas nunca antes habían alcanzado. Sin embargo, son estos sectores los más difíciles de mantener organizados y movilizados debido a las agitadas y azarosas condiciones de vida que enfrentan a diario. Sin embargo, en la medida que son los que sufren más la pobreza y marginación son también muy dados a la explosividad espontánea, por eso mismo es fundamental bregar en crear y sostener procesos organizativos, sin importar la dimensión e inconstancia que puedan tener, lo fundamental será anclarse siempre en sus raíces y desde ellas darle un contenido más proletario a todas las luchas.
n. No ser pasivos y esperar, sino por el contario prepararnos para el próximo estallido social: se debe aprender de lo sucedido en 2019 y 2021, porque mientras las contradicciones y problemas afecten a la mayoría y no se les den salidas reales sólo se acumula decepción, desespero y hastió, elementos que en algún punto volverán a reventar con más fuerza. Esas condiciones son las que llaman a estar alerta, para cuando reviente la nueva la ola navegar sobre ella.
o. Preparar planes de acción y contingencia en cada barrio, vereda y municipio del país ante el potencial de otro estallido social: en el marco de legitimación social que tienen los procesos sociales, las Asambleas Populares y la nueva democracia, es necesario ir perfilando planes de organización y acción que permitan mayor efectividad en la movilización del pueblo. Cada proceso y AP debe encarar preguntas básicas como, por ejemplo:
- Qué papel y función puede entrar a jugar cada persona y proceso organizativo, en medio de las mil y una tarea que surgen en esas intensas coyunturas. Con cuáles medios se podría contar para suplir las necesidades de alimentación, salud, transporte, comunicación auto protección. Pregunta ante la cual es evidente que los procesos de economía popular deben ser fortalecidos desde ya. Qué medios de comunicación usar y como enlazarlos con los de otros procesos. Cómo ampliar y fortalecer las Asambleas Populares y cómo se deben preparar para sesionar en forma permanente en el marco de un nuevo estallido social. Cómo ir encadenando y coordinado la acción de las diversas Asambleas Populares, primero con las de las vecindades y luego con las de lugares más lejanos
- Y en esa perspectiva cómo ir asumiendo las tareas más sensibles y determinantes de orientación de la sociedad, en escenarios bajo los cuales la burguesía, sus partidos y sus limitadas instituciones se niegan a resolver las demandas mínimas que plantea el pueblo, punto decisivo en que, o bien se impone la voluntad de la mayoría proletaria y popular o bien se reconstituye el viejo y decadente poder que nada resuelve.
- p. Esforzarse para resolver la falta de unidad organizativa y el vació de dirigencia a nivel nacional: como antes se señaló éste es un problema central por resolver en tanto que las Asambleas Populares no son suficientes por sí mismas para lograr un direccionamiento de la lucha, y porque aún existiendo un programa nacional unificado siempre se requerirá de un sujeto colectivo capaz de tomar las decisiones en los momentos cruciales, luego si las masas vuelven a ocupar las calles en medio de otro estallido social será más urgente ganar en capacidad de orientación nacional, a fin de enfrentar los retos que van apareciendo a cada momento para lograr sostener una orientación realmente transformadora con vocación de nuevo poder.
- q. Tener claridad de que la nueva democracia debe potenciarse desde ya: en ese sentido, se debe continuar transitando en el ejercicio que va desde las Asambleas Populares locales, municipales y regionales hacia una Asamblea Nacional Popular-ANP. Dadas las limitaciones que impone el actual poder es previsible que sean necesarios y se sucedan nuevos eventos de “ensayo de ANP”, por así decirlo, como el ocurrido en 2021. Puede que entre ellos existan espacios de tiempo más cortos o largos, que se presenten avances y retrocesos en sus capacidades para generar definiciones y que éstas se asimilen con cierta lentitud entre las mayorías proletarias y populares, pero ello no debe desanimar y menos aún sacarnos del camino o perspectiva de transformación que ya se trazó. Por el contrario, debemos ver y potenciar lo mucho que se ha caminado en la perspectiva de consolidar una salida proletario popular a la crisis del país, pues quién se podría haber imaginado hace apenas una década que todos estos grandes eventos habrían de presentarse con tal intensidad y amplitud.
En resumen, es necesario comprender la salida proletario popular como un proceso de tránsito social, porque como antes se ha insistido, la burguesía y todos sus partidos, incluido la fracción del “progresismo”, han fracasado en posibilitar una salida real a la profunda crisis del país. Por eso, la única salida que queda por explorar es la que deben posibilitar y conducir las clases y fracciones sociales que más sufren las consecuencias de esa crisis. Y en la medida que los grandes problemas del país no se solucionarán con fórmulas mágicas, sino que implican tremendos procesos de lucha social, es previsible que demanden grandes esfuerzos y temporalidades de largo aliento. Es por eso que la construcción de una salida proletario popular debe ser vista como un proceso de tránsito histórico mediante el cual se van superando las condiciones que generan la división y choque social y se van creando otras formas de relaciones sociales y de reproducción social, así como otras formas de una democracia superior y de contenido real.
Centro de Pensamiento Praxis
1. “Apuntes para el análisis de la situación del país”: https://www.centropraxis.co/post/apuntes-para-el-analisis-de-la-situacion-del-pais
2. “Apuntes para el análisis de la situación del país”, Centro de Pensamiento PRAXIS, https://www.centropraxis.co/post/apuntes-para-el-analisis-de-la-situacion-del-pais.
3. Esto porque el formato de la consulta es reducido y no da para poner en aprobación el articulado de las leyes, y las preguntas tampoco pueden quedar como opinión general, a lo que se agrega el umbral de 13,6 millones de votos
4. Este aspecto se trata en forma amplia en los números 12 y 14 de la revista Proletaria, que se puede acceder en: centropraxis.co, sección publicaciones
5. Según el DANE desempleado es el que no trabajo una hora en la semana del muestreo. Este tema se aborda en forma amplia en la Revista Proletaria Nos 2,3 y 4.
6. “Construyamos una salida popular a la crisis” en revista Proletaria, en centropraxis.co
7. En realidad, la CUT del primer y segundo Congreso es una fuerza que tiene vocación de cambio social y poder, característica que se dilató luego.
8. https://cnacolombia.org/nuestra-propuesta-de-reforma-agraria-integral-y-popular/
9. Sobre las asambleas populares ver revista Proletaria Nos 12 y 14.